La guerra contada en primera persona
- Martes, 03 Abril 2012 14:17
Marcelo Di Sciullio, Sergio Cestari y Miguel Fiorebello cuentan sus experiencias en las islas • “Al regresar, empezó la otra guerra”, coinciden al hablar de los años de silencio y olvido.
(Por Octavio Fiorelli) Treinta años pasaron del inicio de una empresa que unos denominan descabellada, otros absurda y algunos gesta. Lo cierto es que a partir de ese 2 de abril la sociedad argentina quedó marcada para siempre.
Puede haber miles de interpretaciones y explicaciones sobre la guerra de las Malvinas pero solo las vivencias reales de quienes estuvieron en las islas tienen la densidad y el peso específico que las palabras apenas pueden transmitir.
La mayoría de los soldados que volvieron de las islas no tuvieron la contención ni el apoyo psicológico que mínimamente hubieran merecido. Ni que hablar de sus familiares.
Años de silencio. Años de olvido. Años de desidia. Años que se revierten con acciones concretas, con reconocimientos, con homenajes pero sobretodo con la atención de la escucha.
Marcelo Disciullio, Sergio Cestari y Miguel Fiorebello son tres veteranos combatientes de Malvinas que compartieron algunas de sus vivencias en las islas durante los 74 días que estuvieron. En aquel entonces no llegaban a los 20 años y estaban empuñando un arma. Hoy, cerca de los 50, pintan canas y la experiencia que pocos pueden equiparar: la de vivir el horror de una guerra en pleno campo de batalla.
Como la mayoría de los cerca de 11 mil soldados que estuvieron en las islas, estos mercedinos arribaron entre el 12 y el 14 de abril. Inmediatamente les fue asignada una zona que defender: Marcelo, integrante de la compañía B del Regimiento de Infantería Mecanizada 6 (REG 6), estuvo apostado en una de las laderas del Monte Dos hermanas; Miguel, que estaba en el 7 de La Plata, fue destinado al Monte Longdon en tanto Sergio, Compañía Comando del REG 6, estaba en la guarnición de Puerto Argentino.
Como señala Sergio hubo dos momentos en la guerra de Malvinas: uno hasta el primero de mayo y luego otro hasta el final. “El primero de mayo comenzó el ataque con los bombardeos. Ahí empezó el infierno y no pararon de bombardear. Tuvimos ataque de fuego naval, aéreo, de artillería”, cuenta Miguel y los tres resaltan la intensidad del bombardeo que duro prácticamente hasta el final de la contienda.
“El bombardeo fue desgastante. Descansábamos durante el día, siempre haciendo guardias”, comenta Marcelo y agrega que la tensión fue creciendo al punto tal que el pensamiento en común de muchos era “Que se termine de una buena vez”.
El asedio duro más de un mes y entre tanto comenzaron a escasear las provisiones y a desaparecer la poca logística que tenían. No hubo reabastecimientos. En tal escenario de penurias los soldados pertrechados en los cerros, a duras penas pudieron sobrevivir. “Allá en los cerros tomábamos agua del piso, rompíamos la escarcha. Y también teníamos mucha hambre”, dice Marcelo y agrega “El hambre duele. Lo que veíamos caminando lo queríamos comer.”
“Teníamos prohibido cazar ovejas por que eran propiedad de los kelpers. Nosotros nos llegamos a comer los dentífricos. No teníamos para comer pero nos sobraba para lavarnos los dientes”, cuenta Miguel.
Sobre el armamento, muchos utilizaron los FAL – fusiles livianos - y algunos FAP – ametralladoras pesadas – para defender las posiciones, pero el enemigo contaba con el apoyo desgastante de las baterías de artillería, el manto oscuro de la noche y visores nocturnos infrarrojos – la mayoría de los combates terrestres fueron de noche -.
“La espera tan larga llega a su fin. El 11 de junio nos comienzan a atacar, de noche. Fue un infierno. No sabíamos que hacer”, cuenta Miguel, que estaba en la retaguardia de la defensa de Puerto Argentino. Es que los ingleses comenzaron atacando por el flanco que los argentinos creían como la retaguardia. “Esa noche, tenía un cigarrillo en la chaquetilla. Y en pleno tiroteo me fumé ese cigarrillo como si fuera el más rico del mundo”, recuerda Miguel.
“Cuando empezaron el ataque al Monte Longdon llegamos a la parte de morteros que estaban en el valle y veíamos los cerros llenos de balas trazantes, bengalas, que iluminaban todo”, dice Sergio. Las noches del 12 y 13 de junio fueron las de los combates más sangrientos donde las posiciones argentinas se replegaban. “Pudimos volver a Puerto Argentino y cuando llegamos encontramos la bandera inglesa izada”, cuenta Marcelo y agrega “Cuando regresamos a Puerto Argentino no sabíamos si era un alivio o que. No podíamos pensar.”
El 14 de junio se dio la rendición junto con el cese del fuego. Los soldados argentinos estuvieron dos días como prisioneros de los ingleses y luego fueron devueltos al continente. Estuvieron otro par de días en revisación en Campo de Mayo y el 23 de junio regresaron a Mercedes. “Al regresar, luego de la guerra en las islas, empezó la otra guerra”, dice Marcelo, pero esa historia la sabemos todos, por que todos, de una u otra manera, tuvimos participación en ella.

